sábado, 17 de marzo de 2012

Capítulo 29

Presente, Estados Unidos.

-¿No sienten olor a quemado? –me hice la inocente- ¡Chicas, las hamburguesas!
Eso bastó para que todas nos levantáramos apresuradas a controlar la comida. Aún así noté en su mirada que todavía esperaba una respuesta.  

Tuvimos suerte y pudimos salvar la comida. Entre las cuatro sacamos unas cuantas cosas de la heladera y preparamos varios platos que agregarle a las hamburguesas, así como lechuga, tomates, cebolla, aderezos y demás. Debbie fritó unos huevos (su especialidad, según ella) y salimos por las puertas para volver a entrar en el living. Al instante nos dimos cuenta de que no teníamos dónde apoyar las cosas, asique, mientras Sofi y Debbie sostenían las bandejas, Mary y yo quitamos los adornos de la mesa ratona (que por suerte era bastante grandecita) y le colocamos un mantel. Las chicas apoyaron la comida y fui en busca de platos y vasos.
Los muchachos se encontraban en el punto culminante de su partido, ya habían embocado todas las bolas y solo quedaba una. Yo no entendía mucho de billar, la verdad solo había comprado la mesa porque quedaba linda con el resto del mobiliario, y porque a Phil le encantaba el juego. Fuera lo que fuera, juzgando por el silencio sepulcral que los rodeaba, el que metía la pelota, salía vencedor.  
Vi que Paul tomaba el palo y se ponía en posición. Ninguno respiraba, Ringo se mordía las uñas, George miraba ceñudo al chico y John, (que era su compañero de juego) se había prendido un cigarro, al parecer, obligado por la tención.
Una idea fugaz cruzó mi mente y me hizo sonreír. Deposité en la mesa el rollo de servilletas que traía y me dirigí al equipo de música. Era uno de esos bien grande, lleno de botones y con enormes parlantes. Estaba ubicado cerca de un ventanal, sobre un mueble con diversos cajones y puertitas; no era de las primeras cosas que veías al entrar. Extraje mi teléfono del bolsillo y lo conecté al equipo con un cable que guardaba siempre por allí. Busqué en la lista de reproducción y en cuanto le di play, una canción de Chuck Berry comenzó a sonar por toda la casa. El ritmo rockero desestabilizó a Paul e hizo su tiro sobresaltado. Yo me reí y John soltó una exclamación.  A diferencia de lo que esperaba, cada uno de los chicos tenía sus ojos clavados en la bola que, para asombro de todos, se dirigía recta hacia el agujero de la esquina izquierda; apenas notaban la música.
La pelota se perdió en la oscuridad y un grito de guerra se hizo presente. En realidad, sonó algo así como: Wooooooo-ju! Y lo emitió Lennon, que emocionado abrazaba por la espalada a un Paul estático, quien todavía no creía lo que había hecho.
El equipo perdedor, por otro lado, tenía diferentes reacciones: George se había metido las manos en los bolsillos y contemplaba a los ganadores con un brillo de nostalgia en los ojos; y Ringo estaba apoyado con ambas manos en el borde de la mesa, moviendo la cabeza hacia los lados negativamente, una expresión sombría en el rostro, admirándolos con nostalgia, los labios apretados y la mirada clavada en el forro verde de la mesa. Parecía devastado. Mary se acercó a él y posó las manos en los hombros del castaño, el joven dio un respingo, pero se relajó cuando vio quién lo estaba tocando. Me parecía algo exagerado para tratarse de un simple partido, pero al parecer significaba más que eso.
Bajé el volumen de la música hasta que solo se oyó un murmullo de fondo. John había cargado a Paul en sus brazos y daban vueltas mientras al fin fue posible escuchar que cantaban a los gritos una estúpida canción de victoria. Debbie y Sofi los miraban con los ojos llenos de lágrimas causadas por la risa. 
Me acerqué al guitarrista que había terminado sentado en el piso observando en silencio a los otros dos. Me puse a su lado y crucé las piernas como indio.
-¿Todo en orden?-le pregunté. Harrison se sobresaltó un poco y sus mejillas se sonrojaron, cada vez que hablábamos pasaba lo mismo, me producía ternura.
-No. –Comentó con un tono bastante amargo- Ahora Ringo y yo tendremos que dejarles los mejores asientos del bus. –Soltó un suspiro- Al menos por un mes.
Me causó gracia lo serio que hablaba tratándose de algo tan ridículo como una apuesta, pero me pareció mejor guardar la compostura.
-Ya veo- dije, asiéndome la entendida- Bueno, las chicas y yo preparamos unas hamburguesas, pueden tomarlas como premio consolación.
-¿Has dicho hamburguesas?- un brillo de felicidad se coló en sus ojos profundos. Antes de entender cómo, los dos estábamos de pie y Harrison me arrastraba hasta la mesa.
Mary, Sofi y Debbie se habían encargado de juntar a los otros chicos, así que estaban todos acomodados esperando por nosotros. El guitarrisa tomó el sándwich de más arriba y comenzó a morderlo sin reparar en ese detalle. Sin embargo nadie se lo reprochó y todos lo imitamos, estábamos muertos de hambre.
-¡Pog Dio, chicgas! ¡Sto egta genilr! –soltó John con la boca llena, luego de un rato en silencio.
-¡No hables con la boca llena, Johnny! – exclamó Paul con una voz extremadamente fina que provocó una carcajada en los demás.–Ya enserio-agregó después volviendo a su tono normal- ¡Esta espectacular!
-Agradéceles a ellas- dijo Mary, señalando a Sofi y Debbie con el dedo. Las muchachas sonrieron complacidas.
-La verdad, son de las mejores que he probado- expresó George como si fuera un crítico de cocina, mirando fijamente a la rubia. Sofi se puso toda colorada y una sonrisa de oreja a oreja se extendió por su rostro. Viniendo del pequeño Harrison, debía ser todo un cumplido.
-Saben, la noche se ha puesto bastante calurosa- empezó Mary con cierto tono suplicante- ¿Qué tal si vamos a la piscina luego de la digestión?
-¡Suena fantástico! –apoyó Sofi.
-Si quieren, yo puedo poner algo de música- aportó Ringo.
-¡DJ Starr! –gritó John poniéndose de pie inesperadamente, Paul lo hizo sentar.
-¿Estás de acuerdo Miranda? –preguntó compasivo-Tampoco queremos hacer demasiado lío en tu casa. –La preocupación y delicadeza del comentario terminó de convencerme.
-¿Por qué no? –dije sonriente. Los demás festejaron la aprobación- Esperen- agregué de pronto.- Ustedes no tienen traje de baño.- por las chicas no había problema, yo podía prestarles de los míos, pero The Beatles…
De repente comenzaron a codearse unos a otros, al parecer, tenían algo importante que decir, pero nadie se atrevía a hacerlo.
-¡Esta bien! –gritó Paul, harto del revuelo-John nos dijo que tenías piscina, así que, cuando pasamos por el hotel a dejar unas cosas, nos trajimos el traje de baño.
-No cambias Lennon. –le reproché. Él me sonrió divertido y negó una vez con la cabeza. Luego volvió a parase.
-¡Fiesta en la piscina con DJ Starr!
Paul volvió a sentarlo de un tirón y los demás reímos. Continuamos comiendo y charlando por un rato más, con la nueva perspectiva de un buen chapuzón.

-No quiero- decía Sofi asomando la cabeza tras la puerta y con las mejillas encendidas.–No voy a salir así.
Nos encontrábamos en mi habitación, eligiendo nuestros trajes de baño. Las puertas de mi armario estaban abiertas de par en par y había varios bikinis desparramados por el piso de alfombra y sobre la cama. Mi mejor amiga se había metido al baño para probarse el que sería su séptimo u octavo conjunto, y le daba vergüenza mostrarlo.
-¿Es que no tenías nada más diminuto? –preguntó con sarcasmo, clavando sus ojos claros en mí.  Yo me encogí de hombros.
-Sabes que me los regalan para que los promocione- expliqué con calma- Además, he hecho varias tomas y sesiones fotográficas en traje de baño, no le tengo miedo a mostrar mi cuerpo.
-¡Tú porque no tienes al amor de tu vida observándote medio trasero! –exclamó.
Las tres nos echamos a reír. Hacía rato que Mary, Debbie y yo habíamos escogido nuestro atuendo. La primera tenía puesta una bikini violeta de triángulos y con volados en la parte inferior, dejaba al descubierto varios tatuajes y precisamente la habíamos escogido para “infartar a George”. La segunda llevaba una con rayas de todos los colores y el corpiño se asemejaba a uno deportivo, al fin y al cabo seguía siendo la hermana pequeña; y yo me había colocado una que era sin breteles y cruzada, con un estampado de flores hawaianas en verde, rosa y blanco.
-Tenemos que apurarnos- comentó Debbie- Llevamos más de cuarenta minutos aquí arriba y los chicos hasta deben de haber terminado de conectar los equipos. 
-Esperen… Estoy pensando en una que… ¡Lo tengo!
Me dirigí apresurada al ropero y descolgué un bañador que tenía en una puerta. Era celeste y la parte de arriba tenía volados, la tela era extraña, se asemejaba un poco a la gamuza y era muy suave. Se la pasé a Sofi y la obligué a ponérsela. Minutos después salió todavía algo ruborizada; pero por lo menos ya no se escondía tras la puerta.      
-¿Les gusta? –pidió la opinión tímida mientras daba una vuelta.
-Te queda preciosa-dijo Debbie.
-¡Agárrate pequeño Ringo! –exclamó Mary. -¿De dónde la sacaste? –curioseó bajando el tono.
-La compré en un viaje a Grecia.-expliqué intentando quitarle importancia. Debbie abrió los ojos como platos, pero se mantuvo en silencio.
Ingresé al baño y tomé una pila de toallas. Les pasé una a cada una para que se cubrieran y llevé las demás en las manos. Bajamos las escaleras rápidamente y nos dirigimos al patio sin vacilar.
Cuando atravesamos las puertas y salimos, los chicos ya estaban esperándonos. Habían movido todo el equipo hasta la  galería, Ringo se encontraba detrás de la mesa con unos auriculares puestos, los ojos cerrados y los dedos sobre las bandejas de sonido, lo que me causaba mucha gracia. Me acerqué a una reposera y deposité el manojo de mantas allí.  
George ya se habían metido y Paul y John charlaban sentados en el borde. Llegó el momento de quitarnos las toallas. Lo hicimos todas al mismo tiempo. Al instante ellos se callaron y los otros dos dejaron de tirarse agua. Paul fue el primero en reaccionar. Se puso de pie y se acercó a nosotras. Entonces pude notar que su vista se centraba solo en mí y dudé que en realidad haya despertado.
-Wow- fue lo único que dijo a centímetros de mi rostro. No podía evitar perderme en sus ojos verdosos… y de la nada, ya no los tenía frente a mí. Lo segundo que percibí fue a John tomándolo como bolsa de papas y arrojándose juntos a la pileta.
Entonces, fue como si alguien le quitara el botón de stop a una película y en un santiamén George había salido del agua y se acercaba amenazante hacia Mary y Sofi. Debbie y yo nos corrimos hacia los costados prevenidas, pero las otras chicas terminaron en el agua. Sentí que unas manos calientes me tomaban por los hombros del lado de atrás y solté un alarido por la sorpresa. No estaban mojadas y me di cuenta de que la música se escuchaba a todo volumen, deduje que sería Ringo.
-¡Bájame! –rogué, pero no tuvo caso. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos los dos completamente mojados.
-¡Hey! ¡Mi hermana sigue seca! –avisó George, que luchaba contra una furiosa Mary tratando de ahogarlo.
Pero Debbie fue más inteligente y se zambulló sola en el agua.
No se cuanto tiempo pasamos metidos en la piscina, no obstante, fue tanto que los dedos se me hicieron pasas. No teníamos mucha luz que digamos, había olvidado prender la farola que ilumina el patio, asique solo nos alumbraba la que llegaba desde el living –y la luna, por supuesto-.  Sentí que alguien me tocaba la espalda y me di la vuelta. Era Paul.
-Hola- me saludó. Reí con eso, nos habíamos visto todo el día.
-¿Qué tal?
Dirigí una rápida mirada a nuestro alrededor. Estábamos en la esquina más oscura de todas. Algunos habían empezado a salir y otros simplemente continuaban jugando. Sentí que sus manos tomaban las mías bajo el agua. Me sonrojé y él sonrió ante mi gesto. Por milésima vez en el día me hallaba perdida en sus ojos. El espacio era cada vez más corto.
-¿Sabes? –Pronunció despacio y con voz baja- Nunca había perdido tantas oportunidades en veinticuatro horas. –Sonreí por inercia, en realidad no sabía muy bien lo que hacía, pues había caído en una especie de transe.
-Estamos iguales. –murmuré.
Entonces soltó mis manos y las llevó a mi cintura, un escalofrío recorrió mi cuerpo y me tomé de sus antebrazos, pero no hice ni el menor esfuerzo por quitarlos de allí. Él nos juntó todo lo que se podía flotando en el agua.  Yo cerré los ojos… y me besó.

1 comentario:

  1. Lo vengo leyendo desde la madrugada, y no me di tiempo de comentar, soy mala (? D:
    Vas a matarme de un infarto(? suelo decir muchas tonterías, si es preferible ignora eso...

    la verdad me encanta tu 'adaptación'
    saludos! n.n

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