viernes, 9 de marzo de 2012

Capítulo 25 parte 2

Un año y medio en el futuro, Londres. 

Un aire agradablemente caliente me golpeó el rostro cuando abrimos la puerta de su casa. La muchacha ingresó y caminó hasta quedar en el medio de la estancia.
-No te quedes ahí parado. Entra. –me incitó. No sabía bien cómo reaccionar, hace menos de una hora abría jurado que me odiaba, pero estaba tratándome de un modo tan civilizado y cordial que me confundía.
Entré con paso dudoso y miré atento mi alrededor. El suelo era de madera y relucía. En la parte izquierda habían montado una sala de estar, con varios sillones, una mesa y un tele de plasma. Hacia la derecha había una especie de barra de mármol, separaba la cocina del living. Todo parecía muy moderno, además de limpio y ordenado. Noté que Angie comenzaba a ponerse incómoda ante mi silencio, se tomaba con una mano justo a la mitad del otro brazo. Los dos estábamos parados allí sin decir nada.
-Iré a ducharme.-Anunció para romper el hielo.- En seguida te traigo una toalla para que te seques un poco hasta que yo termine.
-Sí, eso estaría bastante bien. –dije quitándome el suéter que chorreaba agua y también el gorro. -¿Te molesta si los escurro? –pregunté. Ella sonrió.
-Para nada, puedes hacerlo en el lavabo de la cocina.
-Gracias.
Me di la vuelta y dirigí mis pasos hacia el lugar que me había indicado. Angie Se escabulló por una puerta que, supuse, daría al baño y los dormitorios. A los segundos volvió con la toalla y después desapareció.
Mientras escurría mis cosas, estornudé una vez y tosí varias. Los chicos, Brian y el equipo me matarían. Yo era bastante propenso a enfermarme, y andaba cantando bajo la lluvia con el único objetivo de conquistar a una chica. Por Dios…
El departamento se encontraba sumido en el silencio, tanto que era posible oír el agua de la ducha… o probablemente sería la lluvia que pegaba furiosa contra los cristales de las ventanas. En todo caso, me encontraba solo. Aproveché para quitarme el pantalón, las zapatillas y hasta las medias. Era mejor así que con todas esas cosas enfriándome de la cintura para abajo. Escurrí lo primero y lo último, al calzado lo dejé en el piso, junto a la puerta. Tomé la toalla y me sequé con ella. La remera y la ropa interior seguían muy húmedas, pero no iba a desnudarme en aquel lugar. Posiblemente lo hubiera hecho en casa… en fin. Me tapé con el pedazo de tela absorbente, exactamente como si acabara de ducharme.
Terminé otra vez en el medio de la habitación. Noté que una corriente de aire caliente me soplaba en la cara y dirigí la vista en esa dirección. Descubrí una chimenea que había pasado por alto al principio. Un escalofrío me recorrió la columna vertebral y volví a estornudar. Decidí que lo mejor sería quitarme la remera. Eso hice y la deje junto al gran bollo conformado por mi ropa que descansaba en la mesada de mármol.
Ese año había invertido gran parte de mi tiempo libre en hacer ejercicio, George insistía en que era bueno para descargarse y sentirse más “varonil” –no pregunten, teorías extrañas de él- La cosa es que había terminado pegándome la costumbre y ahora estaba bastante más desarrollado. No es que fuera como Súperman, continuaba con mi figura delgada y larga, pero al menos no tenía de qué avergonzarme si me quitaba la camiseta. Pasaron los minutos, a falta del algo que hacer, resolví sentarme.
Estaba completamente establecido en el sillón cuando de repente sentí girar una llave en la cerradura de la puerta. Qué extraño. Lo primero que pensé fue en Sofi. Tal vez eran tan amigas que le había obsequiado una copia para que entrara cuando quisiera.
Me llevé una sorpresa gigante,  demasiado. Un hombre grande, de unos cuarenta, se hizo presente. Llevaba canas en el cabello y poseía los mismos ojos claros de Angie. Tenía puesto un traje y se encontraba algo mojado por la lluvia.
De repente me acordé lo que yo usaba… una toalla. Me incorporé recto en el sillón, sentí que la sangre corría hasta concentrarse en mis mejillas. Estaba más que claro que ese era el padre de la chica. ¿Qué pensaría al encontrarla sola en su departamento, con la única compañía de un muchacho casi desnudo? ¡Era la hora del almuerzo! Nunca me había avergonzado tanto en toda mi vida.
-¡Angela! –gritó el hombre apenas sus ojos se toparon conmigo. Yo me levanté y comencé a balbucear cosas como tonto.
-Señor, esto no es lo que parece. Se lo juro.
-¡Angela!-repitió, se notaba lo alterado que estaba.
La otra puerta de la habitación se abrió de golpe y su incrédula hija salió por ella. Traía el pelo mojado y se había cambiado de ropa.
-¡¿Qué haces aquí?!-preguntó pasmada e incómoda.
-¡Es mi casa! –dijo su padre, molesto y ofendido. Por mi parte, observaba la escena mudo.
-¡Dijiste que estabas de viaje de negocios hasta esta noche!
-¡Pues discúlpame por haber terminado antes, para así no dejarte sola en la tarde! ¡Veo que has encontrado algo más divertido que hacer! –Ouch. Eso había dolido. Entonces Angie reparó en mí por primera vez.
-¡¿Qué mierda haces desnudo, Paul?!-chilló.
-¿Paul? –repitió su padre, experimentando un cambio de ánimo increíblemente asombroso.
-Mi ropa estaba empapada y preferí quitármela antes que enfermarme por usarla así. –me excusé.
-¡¿Nadie te enseñó modales nunca?! –cuestionó ella todavía fuera de sus cabales.
-Amor.- la llamó su padre, Angie no hacía caso, respiraba entrecortado debido a la agitación- Mi niña.-nada- ¡Hija!
-¡¿Qué?!
-Cálmate.–la palabra pareció funcionar como una inyección. –Ve a buscarle algo de la ropa que no uso, debe de estar congelándose.
¿Pero qué… hace tres minutos hubiera dado por sentado que este tipo me mataría. En ese momento comprendí que la bipolaridad era algo de familia.
-Greg- dijo tendiéndome la mano, después de que Angie abandonara la habitación.
-Paul- me presenté devolviéndole el apretón.
-Te conozco.
-¿Ah, sí? –me asombré- Pues yo no tengo idea de quién es usted.
-Lo sé. Una amiga de Angie, Sofia, se la pasa hablando de The Beatles cada vez que viene. –sonreí ante el comentario.
-Yo…- quería decirle algo para que se tranquilizara, me sentía en deuda con ese tipo. –Le juro que no es lo que parece. La lluvia nos agarró a su hija y a mí y vinimos para cambiarnos porque nos mojamos en exceso.
-Está bravo afuera, -respondió, al parecer no quería discutir ese tema- y pensar que esta mañana había sol.
-Si…
Angie volvió a ingresar con un montón de ropa doblada en una mano y otra toalla seca en la otra.
-Aquí tienes, el baño es la última puerta a la derecha. –aunque su tono estaba controlado, su mirada era fría. Saltaba a la vista que continuaba enfada por mi pequeña ocurrencia.   
-Gracias.-murmuré, y salí deprisa de la habitación.
Una vez en el pasillo respiré tranquilo. No tuve problemas para encontrar el baño -¿Han notado que siempre están al fondo a la derecha?- Tomé una ducha rápida y, luego de secarme, me vestí. Eran unos viejos pantalones que me quedaban algo largos, una camisa celeste y unos mocasines con medias. Si mis amigos me veían vestido así, pasaría a ser de esas historias que, aunque hayan transcurrido veinte años, las recordarías y te largarías a reír.
Cuando volví a la sala, un olor esquicito se coló por mi nariz. Me encontré con que la mesa estaba puesta. Había tres lugares en la mesita ratona. Angie se encontraba en la cocina, extrayendo algo del horno, y su padre leía el diario en un sillón.
-Me alegro de que te vayan bien mis cosas- comentó al fijarse en mí- Hace rato que no uso nada de eso.
-Porque ahora posees una pancita que antes no estaba allí- le respondió su hija dejando una bandeja sobre la mesada que portaba un espectacular pollo. Mi estomago rugió, recordé con pena que no comía nada desde la noche anterior. Angie soltó una carcajada. –Estás famélico, ¿A que sí?
 -Eso luce fantástico. –admití.
-No te creas todo lo que hace-dio Greg desde el sillón- lo traje yo del mercado, Angie solo lo calentó.
-Aunque sea podrías haberme dejado impresionarlo un poco más.-le respondió ella. –En fin. ¿Quién quiere un poco?
-Yo.-el hombre dejó el papel de lado y se sentó recto frente a su plato.
-Me parece que ya es tiempo de que me vaya…-comencé. Una cosa era almorzar con Angela y otra muy distinta, hacerlo con su padre.
-Quédate. –las palabras salieron de su boca como un acto reflejo- no vamos a terminarnos todo esto nosotros solos- agregó después.
Consideré mis opciones. Podía quedarme y comer hasta reventar con la chica que me gustaba mientras esta se portaba bien conmigo; o podía volver a casa con John a almorzar zanahorias, y eso suponiendo que él seguía allí  incluso después de ver el cartel que decía que no me esperara.
Decidí que si su padre me había conocido casi desnudo y no me había echado, no sería tan terrible.
-Yo me canto la pata. –anuncié.

2 comentarios:

  1. ajajajajajaj YO ME CANTO LA PATA!! XDDDDDDD ¿QUIEN NO LO HA ECHO?M SI HE NOTADO QUE SIEMPRE ESTAN A LA DERECHA MMM EXTRAÑA OCURRENCIA AJDASJASHDJ<JA OE MUY BUENO SIGUELO ME ENCANTO :D

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  2. Jajajajajja SINGING IN THE RAIN! se me hizo taaaan romántico el cap anterior! Y sisisis "al fondo a la derecha" siempre el lugar del baño por alguna razón! En fin... se qe te prometí qe subiría hoy pero mi padre no presta la compu y estoy cansada porque ayer fui a ver al grupo help y bueno... creo que me reventé las cuerdas vocales ademas de algunas costillas tratando de llegar al escenario pero el lunes sin falta!! :D

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